Descansar el fin de semana en mi mente tiene dos sinónimos: unas entradas de cine y el Hola!.
A mí me gusta ir al cine igual que comer ensaladilla rusa, me gusta hasta la mala. Cuando no tengo suerte y la película no es muy buena me consuela pensar que hay una cuota de películas basura que es obligatorio tragarse cuando uno va mucho al cine.
El Hola! es harina de otro costal. No soy una gran consumidora de cotilleo y en la televisión paso mucha vergüenza ajena cuando veo a hombres con cejas depiladísimas y mujeres con los dientes alicatados como la mula Francis constatar a gritos que saben de buena tinta que la mujer de un torero se ha puesto a régimen y le patrocina una alcachofa. Como no me relaja, no lo veo. Pero el Hola! relaja muchísimo. Todo es tan artificial, tan extravagante y tan kitsch que una se queda como nueva después de un "buen" Hola!.
Normalmente se pasa las hojas del Hola! leyendo sólo los titulares, que ya son un estilo literario en sí mismos, y no prestas mucha atención a las parrafadas cursis y engoladas que rellenan las columnas con las entrevistas. Me fascinan los reportajes de casas majestuosas del comienzo (que misteriosamente siempre están a la venta), los posados de las bodas con los velos cayendo sobre escaleras de madera, el maquillaje de los escándalos de las casas reales y mi gran favorito: Las memorias en vida de mujeres rondando la cincuentena.
Esta vez le tocaba el turno a Adriana Abascal y he de decir que ha sido todo un descubrimiento. Vale que la semana pasada había sido particularmente intensa y para resetear la mente me leí la entrevista desde el padre que no la cogía en brazos hasta el vértigo de enfrentarse al armario pero la verdad es que quedé fascinada.
¿Qué tienen estas mujeres que tanto revuelo provocan?. Por un lado te dan pena porque las ves con menos autoestima que un gusano intentando que alguien pose su mirada en su hombro para entender que existen pero por otro te vende la moto de mujer fuerte, exitosa, guapa, emprendedora, forrada y feliz que de puro acartonado te sumerge en un mar de dudas existenciales sobre las carencias de tu propia vida. Que digo yo que ahí radica su éxito: si tú te sientes una rata ella luce en su máximo esplandor.
Total que en la entrevista decía que Adriana Abascal tenía un blog y hoy, viendo el día que estaba por venir, no he dudado ni un minuto en meterme y pasarme un buen rato. He de decir que estoy mucho más relajada después de la sesión intensiva de "Cómo ser extraordinaria y no morir en el intento".
No consigue convencerme de que lo escriba ella (y ojo, vivo convencida de que es la propia Gwyneth la que escribe Goop, así que muy exigente no soy), la estética en tonos lila es como de salón de belleza de pueblo y los vídeos no distan mucho de los de las adolescentes en sus cuartos explicando a qué dedican su tiempo libre pero le doy mucho mérito a esta mujer que se justifica constantemente y que se intenta reinventar a cada rato, vayan a dejar de mirarla y desaparecer para siempre. Algo veo reflejado de mi misma en su personaje que me provoca ternura y compasión y no, no son sus kilométricas piernas.
miércoles, 16 de mayo de 2012
jueves, 10 de mayo de 2012
Good Food
El concepto de barbacoa español no se sale mucho del chorizo, la panceta y las salchichas pero hay un mundo más allá que no me quiero perder y que pienso empezar a explotar este mismo fin de semana. Primero tengo que hacerme con una barbacoa medio digna, nada de esas con pinta caer espachurrada al ponerle un pollo entero encima. Lo máximo que el presupuesto permita pero digna vaya.
También pretendo alejarme del concepto argentino de asado en el que básicamente uno se hace cargo de asar la carne durante horas, te atiborran de deshechos al principio y dejan las piezas suculentas para el final cuando ya no tienes más hambre.
Estoy decidida a organizar una barbacoa multi-tasking con brochetas de verduras, verduras asadas en papel de plata y ensaladas de patata y cus-cus.
Como siempre, los anglosajones nos sacan millas en este tema y sólo hoy he descubierto la página de Good Food con miles de apetitosas recetas para hacer a la barbacoa.
He invitado amigos para hacer de conejillos de indias. Creo que tendré un pollo asado al horno por si acaso (y muy probablemente) los langostinos acaban chamuscados y puestos en el plato sacudiéndoles las cenizas de carbón. He aprendido dos básicos que paso a compartir con vosotros:
- Las brochetas de madera hay que remojarlas en agua durante media hora antes de ponerlos en la barbacoa para que no se quemen. (Es la típica cosa de cajón que a mí no se me hubiera ocurrido jamás y me hubiera frustado muchísimo cuando los palillos especiales que me ha costado un congo encontrar se volatilizaran como cerillas nada más empezar).
- Cualquier cosa que quieras poner a la parrilla debe estar previamente marinada si no, básicamente lo que pondrás en el plato es comida chamuscada, seca y sin sabor. Otro básico que a mí tampoco se me hubiera ocurrido sola y me hubiera limitado a lanzar pechugas de pollo con sal y pimienta vuelta y vuelta.
En cualquier caso habrá mucho vino y mucho queso de postre por si la cosa toma derroteros inesperados. Veremos si el lunes sigo teniendo amigos.
También pretendo alejarme del concepto argentino de asado en el que básicamente uno se hace cargo de asar la carne durante horas, te atiborran de deshechos al principio y dejan las piezas suculentas para el final cuando ya no tienes más hambre.
Estoy decidida a organizar una barbacoa multi-tasking con brochetas de verduras, verduras asadas en papel de plata y ensaladas de patata y cus-cus.
Como siempre, los anglosajones nos sacan millas en este tema y sólo hoy he descubierto la página de Good Food con miles de apetitosas recetas para hacer a la barbacoa.
He invitado amigos para hacer de conejillos de indias. Creo que tendré un pollo asado al horno por si acaso (y muy probablemente) los langostinos acaban chamuscados y puestos en el plato sacudiéndoles las cenizas de carbón. He aprendido dos básicos que paso a compartir con vosotros:
- Las brochetas de madera hay que remojarlas en agua durante media hora antes de ponerlos en la barbacoa para que no se quemen. (Es la típica cosa de cajón que a mí no se me hubiera ocurrido jamás y me hubiera frustado muchísimo cuando los palillos especiales que me ha costado un congo encontrar se volatilizaran como cerillas nada más empezar).
- Cualquier cosa que quieras poner a la parrilla debe estar previamente marinada si no, básicamente lo que pondrás en el plato es comida chamuscada, seca y sin sabor. Otro básico que a mí tampoco se me hubiera ocurrido sola y me hubiera limitado a lanzar pechugas de pollo con sal y pimienta vuelta y vuelta.
En cualquier caso habrá mucho vino y mucho queso de postre por si la cosa toma derroteros inesperados. Veremos si el lunes sigo teniendo amigos.
miércoles, 9 de mayo de 2012
What's in your bag?
No salgo de mi asombro ante el fenómeno "What's in your bag". Hay miles de fotos en pinterest, miles de vídeos en youtube, miles de links en miles de blogs. ¿Cuál es la fascinación?. ¿La cosa está en cotillear lo que llevan las demás o el fenómeno reside en el deseo irrefrenable de enseñar lo propio?.
Recuerdo ver el blog de Perpetually Chic y pensar que no se lo creía ni ella. Tanta perfección, todo tan mono, tan ordenado, tan limpio, tan última moda, tan trendy, tan chic... que atufa a montaje. Las gafas sin un rallajo, la cartera sin media arruga, la colonia llena. Si de verdad ese es el contenido de tu bolso sólo puedes vivir a la altura de las circunstancias.
Toda tu ropa interior tiene que ser de encaje y nunca te pillarán en el hospital después del temido accidente de coche con sujetador y braguitas desconjuntadas o color carne o con la goma dada de sí o con un agujero. Por supuesto vives eternamente depilada. No sabes lo que es un grano. Comes siempre en mesas delicadamente puestas y jamás te zampas un bocata de queso apoyada en la nevera y no eructas después de beberte media lata de Coca-cola de un trago. No metes el dedo en el bote de Nutella. No se te quedan las pepitas de sésamo entre los dientes. No se te rompen las uñas, no se te desconchan. Siempre perfumada, siempre femenina, siempre perfecta.
¿Es de verdad su bolso o el bolso de quien le gustaría ser?
No pienso caer en la tentación de poneros una foto de lo que llevo yo en el mío. No cambio mucho de modeli así que las cosas saben cuándo entran pero nunca cuándo van a salir. El otro día saqué un plátano pocho, un cepillo, un chupete, un paraguas y un enchufe roto antes de encontrar la cartera para pagar el parking y el señor me miraba con cara de "hasta que no saques un sandwich mixto no me inmuto" lo que me hizo pensar que era algo habitual en su ventanilla.
martes, 8 de mayo de 2012
Hay que poner orden
Mañana viene una ola de calor sahariana. Todas corriendo a pedir hora para hacernos la pedicura. El termómetro sube y está absolutamente prohibido ponerse sandalias estando asilvestradas. Es bien sabido que en los ascensores la gente busca consuelo mirando las luces del techo o al triste suelo. La segunda opción es más común para evitar parecerse a un polluelo en el nido, así que ahí se van a encontrar con nuestras uñas amarillas mal cortadas como no nos espabilemos. Si para evitar el momento ascensor eliges las escaleras, peor. No hay nada más feo que unos talones agrietados y blanquecinos subiendo las escaleras delante de ti. Bueno, sí, la ropa interior transparentándose en unos pantalones apretados de lycra pero eso no es tan habitual en las oficinas de bien.
El domingo cumplí uno de mis deseos y plantamos con los niños albahaca y menta en el jardín. Estamos a martes y ya he salido dos veces a mirar si habían salido las hojas. Básicamente los niños pasaron de mí en quinta y copiaban mi cara cuando yo metía las manos en el compost orgánico que me vendieron en la tienda pero yo estaba viviendo mi día de la madre intensamente sin fijarme en esos detalles. Juré que si veía un gusano saldría corriendo pero al final fue todo más o menos higiénico y conseguimos remover la tierra, hacer los agujeros, meter las semillas y regarlas como un buen equipo español: uno trabaja y todos los demás miran y opinan. Tengo que hacerme con unos guantes para la próxima vez, me pasé el resto de la tarde agobiada por si me crecían lombrices en la tripa por no haberme cepillado suficientemente las manos. Así, de campo que es una.
Hoy comparto con vosotras la página de Light Locations que descubrí a través del blog de Ana Montiel. El quid para no acabar aborreciendo las revistas de decoración por artificiales e inalcanzables es buscar en una imagen que te gusta los elementos que creas que puedes copiar. Igual es más difícil que consigas la masía catalana en mitad de un valle de eucaliptos pero sí puedes hacerte con una maceta color gris y escribir una palabra francesa con una tiza. Básicamente he aprendido dos cosas sobre decoración: el orden y la uniformidad de colores son básicos. Bueno y las flores frescas y la luz pero fundamentalemente los dos primeros. Ya, ya sé que no os estoy descubriendo la purpurina pero lo que he aprendido es que de cada imagen que te guste elige una o dos cosas que te chiflen y luego intenta copiarlas con las cosas que tengas por casa. No hace falta que el jarrón sea exactamente el mismo pero si imitas la composición y el orden en el que aparecen en las fotos, consigues un resultado muy parecido. Justo en el momento en que empieces a pensar "qué soso me está quedando" es cuando tienes que parar y dedicarte a otro rincón. Un jarrón con flores, un espejo y una bandejita para dejar las llaves en la entrada de casa es absolutamente suficiente. Si le añades un gato chino, un perchero con todas tus bufandas colgadas y las cajitas que te compraste en los hippies de Goya desde los catorce años el agobio que sentirás al entrar será proporcional a tus ganas de salir. Y lo que sobra es el gato chino no el jarrón.
El orden. El orden es fundamental. Fijaos en las fotos de cocinas: no hay menús de colegios, horarios de gimnasios ni panfletos del Pizza-Hut pegados a las neveras con imanes "Special K". No hay matasuegras de Bob Esponja en la cesta de las cebollas ni medicinas a medio terminar dentro de la panera. Todo está ordenado.Todo transmite paz. Es imposible ser infeliz en esta cocina.
Esto que parece una perogrullada es algo básico a la hora de vender o alquilar una casa y colgar las fotos en webs de internet. He descartado casas de un plumazo al ver la foto del baño con el dueño reflejándose en el espejo disparando con flash, las de las mil y una cremas, perfumes y cepillos en el lavabo y revistas y sudokus en el baño con el papel higiénico a punto de terminarse, las de los platos apilados en los fregaderos con las cáscaras de plátano colgando o las de los pósters de señoras desnudas de las habitaciones de los adolescentes a tamaño natural. Mis favoritas son las que sacan las fotos de noche y con las persinas cerradas.
No hace falta que tu casa sea un cottage inglés que huela a madera y musgo. Ponla en orden y tendrás la mitad del trabajo hecho. Si cuando vienen a verla pones una cafetera en el fuego tienes mucho más ganado pero insisto, con el orden es suficiente.
Contra toda norma familiar, el domingo entre abanicos y tiestos pintados había escondidas unas RayBan rojas que no pudieron hacerme más ilusión (para frustración de mis hijos que gritaban que no era el día de la mujer sino de la madre). Me recuerdan todos los días que la vida puede también ser divertida y original y me las pongo entusiasmada como parapeto a mis miedos e inseguridades y me da igual que no haya salido un rayo de sol desde el domingo, me las he puesto hasta en el parking.
El domingo cumplí uno de mis deseos y plantamos con los niños albahaca y menta en el jardín. Estamos a martes y ya he salido dos veces a mirar si habían salido las hojas. Básicamente los niños pasaron de mí en quinta y copiaban mi cara cuando yo metía las manos en el compost orgánico que me vendieron en la tienda pero yo estaba viviendo mi día de la madre intensamente sin fijarme en esos detalles. Juré que si veía un gusano saldría corriendo pero al final fue todo más o menos higiénico y conseguimos remover la tierra, hacer los agujeros, meter las semillas y regarlas como un buen equipo español: uno trabaja y todos los demás miran y opinan. Tengo que hacerme con unos guantes para la próxima vez, me pasé el resto de la tarde agobiada por si me crecían lombrices en la tripa por no haberme cepillado suficientemente las manos. Así, de campo que es una.
Esto que parece una perogrullada es algo básico a la hora de vender o alquilar una casa y colgar las fotos en webs de internet. He descartado casas de un plumazo al ver la foto del baño con el dueño reflejándose en el espejo disparando con flash, las de las mil y una cremas, perfumes y cepillos en el lavabo y revistas y sudokus en el baño con el papel higiénico a punto de terminarse, las de los platos apilados en los fregaderos con las cáscaras de plátano colgando o las de los pósters de señoras desnudas de las habitaciones de los adolescentes a tamaño natural. Mis favoritas son las que sacan las fotos de noche y con las persinas cerradas.
No hace falta que tu casa sea un cottage inglés que huela a madera y musgo. Ponla en orden y tendrás la mitad del trabajo hecho. Si cuando vienen a verla pones una cafetera en el fuego tienes mucho más ganado pero insisto, con el orden es suficiente.
Contra toda norma familiar, el domingo entre abanicos y tiestos pintados había escondidas unas RayBan rojas que no pudieron hacerme más ilusión (para frustración de mis hijos que gritaban que no era el día de la mujer sino de la madre). Me recuerdan todos los días que la vida puede también ser divertida y original y me las pongo entusiasmada como parapeto a mis miedos e inseguridades y me da igual que no haya salido un rayo de sol desde el domingo, me las he puesto hasta en el parking.
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